30 mayo 2007

EL SENDERO DEL APRENDIZ

"El único deber es el de divertirse terriblemente"
Oscar Wilde



El camino del aprendiz es el camino de la maestría. No es el camino para llegar a la maestría, es el camino de la maestría. Uno suele ingresar en él de manera autoritaria y tiene la oportunidad de alcanzar en él la plena satisfacción de su vida. Es el sendero de la autenticidad que recorro por etapas. Cada fase supone un importante salto cualitativo, que no siempre estamos en condiciones de dar. A veces como los electrones, saltamos, pero no tenemos suficiente energía de consciencia para sostenernos y volvemos a caer en la fase anterior. Algunas de estas fases son:
  1. Fase autoritaria externa . Mis papás me conducen frente al maestro. Yo quiero hacer otras cosas. Tengo que aprender pero no veo lo bueno. Desde luego, no quiero. Mis frases internas son:”¿Por qué quieren que aprenda? y “¿por qué me riñen cuando me equivoco?”

  2. Fases autoritaria interna: He interiorizado la autoridad. Sé que aprender me traerá beneficios. Tengo que aprender aunque muchas veces no disfruto. A veces hasta me duele, pero es por mi bien. Por eso tengo mi voluntad y mi capacidad de sacrificio. La frase resumen es: “¡Tengo que conseguir no equivocarme!”
  3. Fase no autoritaria externa: Hay algo en ese maestro que me permite aprender cómodamente, mientras disfruto. Me doy cuenta de que esto solo ocurre con algunas personas. Soy selectivo y elijo mis interlocutores para aprender. Me digo a mi mismo: “Yo elijo lo que quiero aprender”.
  4. Fase no autoritaria interna: Hay algo dentro mío que me permite disfrutar aprendiendo. Disfruto de reflexionar en mis equivocaciones, de rehacer mis actos, de reformular mis propuestas, de intentarlo una vez más. Mi frase favorita es: “Dime mis errores para que pueda aprender".
  5. Fase de completud. No hay nada que aprender porque todo está en constante cambio. Lo único que puedo hacer bien es ser uno con la vida. Simplemente soy y descubro que lo que antes llamaba aprender ahora es Vivir. El silencio se ha instalado en mi accionar.

¿En qué etapa me encuentro hoy? ¿Qué puedo hacer para pasar a la siguiente?

Llega un momento en que vemos, sentimos, sabemos que ya la vieja etapa es un lastre. Alrededor nuestro vemos las evidencias en nuestra familia, el trabajo, mi manera de divertirme, etc. Es un momento delicado. Aun no tengo el poder interior para sostener mi visión como aprendiz superior, mi nuevo propósito superior. Entonces es cuando la fe en la vida es útil. Me relajo, confío, me entrego, pero sin perder ese anhelo ferviente de instalarme en esa nueva orilla. No de visitarla, de instalarme sinceramente en ella.

En el camino del coach uno entra probablemente desde la fase 3ª, para saltar a la 4ª e instalarse cómodamente en la escucha, la autocrítica y la transparencia como modo de aprender a convivir con nuestros congéneres.

Es allí donde se empieza a pulir el líder.



technorati ,

23 mayo 2007

TRES FORMAS DE LIDERAZGO

El liderazgo es fundamentalmente capacidad para dirigir. El líder bueno dirige bien porque entiende cuales son las claves del éxito de su organización. Estas claves han cambiado con el tiempo, en occidente, donde han tenido lugar fuertes cambios de mentalidad en la sociedad y en el mercado. La demanda creciente de responsabilidad social empuja hacia el cuidado ecológico, que en su vertiente social es respeto por la diversidad del personal y de sus formas de trabajar y aprender. La globalización empuja a encontrar nuevas y más complejas estrategias, para poder competir en mercados y condiciones diversas. La democratización y los tiempos de paz de las últimas décadas (que algunos nostálgicos intentan quebrar con llamadas alarmistas a la "guerra contra el terrorismo"), han propiciado una nueva consciencia del bienestar, la salud y del significado que cada quién quiere dar a la vida.

Por ello hoy por hoy, los líderes de organizaciones necesitan ser diestros en tres formas de liderazgos diferenciadas:

Liderazgo personal o liderazgo de sí mismo. Aquí el líder es capaz de dirigir su vida con significado. Un significado propio que le lleva a su autenticidad. La persona cuenta con un propósito superior, no necesariamente religioso, por el que sabe que vale la pena luchar. No se asusta del esfuerzo porque todo su ser está alineado hacia su objetivo vital y esto le da una fuerza poderosa. Como decía Victor Frankl, "lo que el hombre realmente necesita no es vivir sin tensiones, sino esforzarse y luchar por una meta que le merezca la pena". Aquí la palabra clave es espiritualidad. Podemos decir que el líder está en contacto con su espiritualidad, que es la grandeza de ser humano o de existir.

Liderazgo estratégico: El líder destaca aquí por su capacidad de crear planes y objetivos, que suponen importantes desafíos, con riesgos altos, donde se atan fines, maneras y medios. El líder lleva a cabo la dirección estratégica que requiere de su habilidad de tomar decisiones bien pensadas. En palabras de un militar, el Coronel W. Michael Guillot, USAF, "de esa manera, la dirección estratégica puede definirse como la habilidad de un experimentado líder superior, con sabiduría y visión para crear y ejecutar planes y para tomar las decisiones de consecuencias en un entorno estratégico volátil, incierto, complejo, y ambiguo" (véase el artículo Liderazgo Estratégico). Aquí las palabras claves son experiencia y visión.

Liderazgo como coach: El líder aquí trabaja con equipos. Crea y sostiene una visión compartida, que pasa por conocer fortalezas, debilidades y el potencial de cada uno de sus colaboradores. El líder está pendiente de las conversaciones limitantes que obstaculizan la fluidez del trabajo. Las descubre e invita con contundencia a crear nuevas interpretaciones más posibilitantes. De esta manera el grupo está en constante aprendizaje y desarrolla nuevas formas de interaccionar con más eficiencia. El líder disfruta motivando y empoderando a sus colaboradores. También favorece el coliderazgo o liderazgo compartido, de forma que cada miembro se siente especial y único en algo que aporta a los otros, lo cual añade dignidad y sentido a su trabajo. Las palabras claves aquí son conversaciones y empoderamiento.




technorati

21 mayo 2007

LA QUEJA Y EL LIDERAZGO

La mayoría de las personas están convencidos que quejarse, en el sentido de expresar el desagrado que algo les produce con las más hirientes palabras, es algo bueno y necesario. No se dan cuenta de cómo desperdician su energía y cuánto ganarían si convirtieran ese legítimo dolor en un pedido o una reclamación. Esquemáticamente:

(Dolor + Rabia + Miedo) – liderazgo ==> Queja

(Dolor + Rabia + Miedo) + liderazgo ==> Reclamo o Pedido

¿Qué hace que perdamos nuestro poder interior, que es el liderazgo de nosotros mismos, en esas ocasiones?

Escuché este fin de semana una respuesta de Cristina Naughton que ofrece suculentos frutos para responder lo anterior:

"El que se queja en el fondo no se anima a pedir... porque una de las secretas conversaciones consigo mismo le dice: 'no vaya a ser que no te lo den'. Y aún hay otra conversación más profunda y sigilosa: 'no vaya a ser que te lo den'."


¿Cuánto creo yo en lo que quiero? ¿Cuánto puedo imaginarme a mi mismo como alguien que se mueve y vive con lo que quiero, con mi propósito? Ese es justo el camino del liderazgo. Sostener mi creencia en que aquello en lo que creo puedo conseguirlo. Cuando me quejo, la imagen de mi mismo que veo es la de alguien que no consigue, ni conseguirá lo que quiere, las emociones y la corporalidad no sostienen mi propósito superior en mi corazón.

Vale la pena leer las siguientes líneas que me recordó mi amiga y coach Lidia Paniello. Es una cita bien conocida de Nelson Mandela que nos puede ayudar a recuperar ese poder:

"Nuestro más profundo temor no es el de ser inadecuados. Nuestro mas profundo temor es el de ser poderosos más allá de toda medida. Es nuestra luz y no nuestra oscuridad , quien más nos asusta. Nos preguntamos a nosotros mismos: ¿Quién soy yo para pretender ser brillante, fabuloso, extraordinariamente talentoso, magnífico? De hecho: ¿Quién eres tú para no pretender serlo?"



technorati ,

18 mayo 2007

ATENCIÓN vs TENSIÓN

La sobretensión es uno de los males que nos aqueja a occidente. Tensión mental y tensión corporal. La primera gatilla la segunda. La segunda nos empuja al estrés, insomnio y enfermedades. Hay una constante definición de nosotros que nos exige más. Mejorar mi trabajo, ascender, aprender más idiomas, ser mejor persona, etc. Y nos exigimos más en relación con el otro. O sea ser mejor que mi colega, que mi padre, ser mejor equipo, etc. La tensión para sostener este comportamiento necesariamente es alta. No estoy diciendo que mejorar o incluso querer ser mejor que otro no sea un comportamiento válido. Digo que necesitamos una forma de equilibrar la tensión que utilizamos. Porque el cuerpo entero se acostumbra y se hace adicto a los chorros de adrenalina que salen. Y resulta que ante una simple conversación donde tu jefe insinúa que tu trabajo no es adecuado, respondemos con una tensión elevadísima de preocupación, o con una rabia intensa ante un gesto de un colega.

Un coach trabaja esto desde la definición. ¿Qué nueva mirada de ti mismo puedes hacer, de forma que te definas como una persona equilibrada? En una sesión con una cliente descubrimos que a ella le servía la atención. Utilizar la TENSIÓN para convertirla en A- TENSIÓN (no tensión), por medio de la ATENCIÓN.

¿Atención a qué? Atención a mis emociones, a mi energía corporal, atención a mis interpretaciones limitantes y atención a mi propósito primero, mis valores.

Esa atención tiene un efecto regulador. En primer lugar reparte mejor la tensión por todo el cuerpo ya que la consciencia de cuerpo es global. Después permite la expresión de la emoción ya que atenderla es escucharla y la emoción “habla” en acción. Por otro lado nos hace concentrarnos en lo que me importa, mi propósito y lo que quiero cambiar, mi mirada limitante. Mis valores señalan siempre un camino a mis pensamiento limitantes. Pongo atención, que es observación de cómo hay una brecha entre eso que me importa y eso que ahora me limita. Y al hacerlo descubro un caminito, un sendero que me lleva desde la limitación hasta la claridad, de nuevo.

En su libro La Isla, Aldous Huxley diseñó la sociedad ideal de consciencia en la que soñaba. En ella había un pájaro curioso, el mynah, una especie de periquito, que repetía constantemente la palabra ATENCIÓN. Uno de los personajes explica al protagonista que si escucha con concentración y atención aquello que le duele duele, se hace menos intenso.

La pregunta clave y personal es: ¿Cómo convierto esa tensión en atención?



technorati ,

17 mayo 2007

ACEPTAR Y REIR

Leía el otro día Budismo Zen de D.T. Suzuki y me llamó fuertemente la atención una frase:

"El Zen trata de conseguir que aceptes las cosas y, cuando las hayas aceptado, sueltes una sonora carcajada"


Me puse a meditar en lo difícil que es aceptar. Aceptar implica mirar aquello que me dolió con otros ojos. Pero, ¿no está el dolor hecho precisamente para rechazar? Entonces, ¿cómo voy a aceptar?

Efectivamente, el rechazo es legítimo. Y aun así puedo aceptar. Porque, ¿qué es lo que verdaderamente rechazo? Pienso que ese dolor psicológico (preocupación, temor, angustia) ocurre para rechazar mi actitud y no el objeto externo que supuestamente lo gatilló. Es rechazo de esa tensión interior. Por eso la aceptación es necesaria. Mediante la aceptación rechazamos la tensión sin sentido (aquella que ya no nos sirve, solo para obsesionarnos y ser más infelices).

Me ignoró mi jefe en la reunión. Sentí rabia (determinación con tensión para hacer algo). No hice nada y se convirtió en culpa. Ahí viene el dolor en forma de miedo. Ese miedo nos avisa de que tenemos que alejarnos de ese espacio de interpretación limitante. Miramos todo el cuadro con detenimiento. Vemos nuestra responsabilidad. Hay una responsabilidad mayor o menor en que los acontecimientos tuvieran ese cauce y no otro. Pero por encima de todo hay una responsabilidad para con mi estado de ánimo. Si bien yo no controlo mis emociones (éstas son señales de aviso para que haga algo) sí puedo interpretar y actuar de forma que preserve mi "tono emocional continuo", esto es, mi estado de ánimo.

Si dejo que interpretaciones limitantes se generen sin pausa, entonces estaré alterando mi equilibrio e instalando como habitual estados de ánimo de ira o preocupación. Estados tóxicos. Así yo decido ACEPTAR. Acepto que sucedió. Acepto los hechos verdaderos (a veces voy engañándome para justificarme). Acepto mi incompletud, ya que no tuve la respuesta más completa. Acepto mi dolor y que éste se quedará más tiempo del necesario, pues soy un aprendiz del arte de vivir en equilibrio.

Después de todo este aceptar, hay algo más. Transformar mi estado de ánimo. Es ahí donde el budismo señala la sonora carcajada. ¿Verdaderamente es tan importante lo que sucedió? ¿Por qué la carcajada? Después de la verdadera aceptación me redefino. Me miro de nuevo como un ser de infinitas posibilidades, con mi enorme potencial, mi capacidad de gozar, de transformar, de amar, de comprender y de repente recuerdo mi estado de hace unos segundos, donde me definía como un manojo de miedos, un ser atado.
El contraste es tan alto que no puedo evitar la carcajada.



technorati ,

15 mayo 2007

LA FÓRMULA DE LA SATISFACCIÓN

Dice un proverbio anónimo que "el éxito consiste en alcanzar lo que se desea, la felicidad en desear lo que se alcanza".


Éxito = alcanzar lo deseado
Felicidad = aceptar lo que alcanzo

Parecería pues que para nosotros los occidentales tan metidos en nuestros objetivos, la felicidad sería algo imposible. Entonces tendrían razón los que proponen un cambio drástico, renunciar a esta vida de consumo y abrazar las filosofías orientales, por ejemplo. No parece ésto en la dirección de los acontecimientos sociales. La tecnología sigue creciendo y emergen disciplinas como el coaching que buscan la armonía sin renunciar a la cultura occidental. Por otro lado, la India, bastión de la filosofía oriental, se occidentaliza más y no sólo por la presión de la globalización. En todo el s. XX mucho grandes maestro pusieron su mirada en occidente, porque reconocieron que a ellos también les estaba faltando algo.
Pero, ¿por qué aceptar la dicotomía, o uno o lo otro? A mi me gusta sumar, integrar.

¿Cómo sería el verdadero éxito-feliz?

No sería estar contento porque alcancé lo que deseaba, no. Sabemos que rápidamente mi interés decae. No sería la lujuria de sentir deseo. Al fin y al cabo el cuerpo y el mundo impone sus límites y aquí dejamos de ser felices. Tampoco sería permitir que pasen las cosas despreocupadamente sin que yo haga nada.

Pienso que para encontrar la solución, necesitamos introducir una variable más a la ecuación la variable VIDA. En la definición de John Lennon:

Vida = Lo que ocurre mientras hago otros planes

Lo que ocurre, mientras deseo, mientras lucho por alcanzar, mientras dejo de mirar un millón de nuevas cosas que aparecen por mi camino, eso es Vida.
De esta forma propongo la fórmula de la SATISFACCION, que añade esta variable de la vida.

Satisfacción = (Éxito + Felicidad) x Vida

Lo que la fórmula nos dice es que podemos estar paradójicamente en el deseo y en la aceptación, si estamos conectados con la vida, con todo lo que nos rodea. La vida multiplica el pequeño éxito, cuando lo ves con perspectiva. La vida multiplica la felicidad, cuando te entregas a ella, mirando todas sus posibilidades. Todo ello nos puede dar algo que es más que éxito y más que felicidad, la satisfacción.


14 mayo 2007

LO QUE TIENES QUE HACER ES...


¿Cuántas veces a lo largo de nuestro día, cuando compartimos una situación conflictiva que nos preocupa, hay alguien que, más amable o más petulante, nos dice aquello de "lo que tú tienes que hacer es..." que si patatín o que si patatán? ¿Y cuántas veces se lo decimos nosotros a colegas, empleados, amigos?

Esta sencilla expresión de bienintencionada ayuda es una arma de doble filo, dice el coaching, porque:
  1. Es un acto autoritario. El que lo expresase define como alguien con más capacidad para decidir sobre la vida del otro que el otro mismo.

  2. Es probable que el interlocutor se ponga a la defensiva, con lo que las emociones de temor o enojo frenarán los procesos creativos necesarios para encontrar una buena solución.
  3. El que recibe la frase mágica probablemente comience con un diálogo interno tipo "por qué le dije yo nada a éste", mientras su confianza en sí mismo y en el "listo de turno" se debilitan.

  4. Puede ser que se reciba el consejo con modestia y creyendo que es de gran valor. Sin embargo al intentarlo poner en marcha es probable que uno se encuentre con dificultades importantes ya que no lo parió.

  5. El que dice el consejo omite problemas o incomodidades que le ocurrieron mientras aplicó en el pasado la fórmula que ahora recomienda, bien por jactancia, bien porque se le olvidó o porque ni lo registró

Existen dos casos en los que quizás pueda estar justificado la fórmula del "lo que tienes que hacer es":

  1. Cuando queremos conscientemente dar una orden.
  2. Cuando el otro explícitamente nos lo pide y hay que tomar una respuesta rápida.

Frente a esta fórmula autoritaria el coaching propone otra mirada bien diferente:

  1. En vez de consejo pensemos en hipótesis, pero sin declararlas:"Es posible que esta persona pueda encontrar la solución que busca en la dirección de..."

  2. Hagamos preguntas para tener muy clarito el problema. Miremos las influencias y también los factores emocionales.

  3. Miremos a nuestro interlocutor en su grandeza y poder. ¿En qué momentos se enfrentó con éxito a situaciones similares? ¿Qué recursos puso? Pidámosle que encuentre hechos concretos que muestren de lo que fue capaz.

  4. Finalmente haz preguntas abiertas en la dirección de tu hipótesis.

Pensemos en un comercial junior que lleva un año en ventas. Resulta que le tocan muchos clientes desconfiados. Por supuesto esto es debido a que el producto tiene algo "malo", que no puede justificar. El jefe de ventas, comercial senior, condescendiente le dice: Lo que tienes que hacer es hablar con más carácter y volumen, eso te dará confianza en ti. "Yo lo que hago es..." y aquí comienza el despliegue de su ego.

Qué diferente resultaría si ambos averiguan con detalles en qué momento detecta la desconfianza del cliente, qué emociones vienen, cómo está mirando a su cliente (es un "toca-pelotas" desconfiado o es, el cliente, alguien que sabe lo que necesita aunque quizás no alcanza a transmitirlo con claridad). Nuestro jefe-coach puede tener la hipótesis de que hay un problema de falta de seguridad de su colaborador, pero se abstiene de decirlo. Con ello en mente le inspira a que mire al cliente como una persona que busca ayuda y no un enemigo. Si lo consigue estará en buena posición para pedirle que recuerde alguna ocasión donde se encontró él como cliente de un buen comercial que le inspiró confianza.

¿Qué hizo, dijo o cómo actuó el otro?

Y por otro lado,

¿En qué momentos el comercial Jr se vio vendiendo confiadamente y sintiendo que ganaba la confianza del cliente? ¿Qué puso de especial y qué de ello podría poner ahora?

Existen muchas probabilidades de que nuestro comercial de con unas cuántas buenas y nuevas ideas de cómo proceder, pero sobre todo habrá interiorizado una manera diferente de mirar al cliente que emocionalmente le dejará más holgado para reaccionar.

No digo que tengamos que retirar el dicho ‘quien no oye consejo no llega a viejo’. Tan sólo que podríamos considerar otro como: "quien bien se deja inspirar, más lejos puede llegar"




technorati ,